Cuento: El cisne y
los siete zorros.
Había una vez un rey cisne en un sitio del centro de
España, que se llama la Sierra de Guadarrama, que estaba casado con una reina.
El rey y la reina cisnes eran muy felices y tenían
muchas ganas de tener niños. Por fin la reina se quedó embarazada y tuvo una
niña. Una niña a la que llamaron Rosalinda porque era rosita y linda entonces
la llamaron Rosalinda. La princesa creció como todas las princesas, feliz y
contenta con su familia que la quería mucho.
Cuando la princesa Rosalinda cumplió 6 años, su
mamá, la reina cisne, murió.
Rosalinda, apenada, siguió creciendo.
El rey
decidió casarse, se enamoró de una urraca viuda muy joven que, aparentemente,
se portaba muy bien con los niños.
Esta, al
principio, se portó muy bien con Rosalinda, pero con los años empezó a tenerle
envidia y comenzó a odiarla, hasta el punto, de que quiso deshacerse de ella.
La madrastra urraca llamó a un perro soldado para que
se llevara a Rosalinda a la Sierra de Guadarrama y la despeñara y, como prueba
de que había muerto, debía traerle su corazón y los girones de su vestido.
Pero, en el último momento, el soldado, un perro con un corazón muy noble, se
arrepintió y le contó todo a la princesa, con la condición de que esta
desapareciera y nunca contase nada sobre este hecho.
Al tercer día de vivir en el bosque, vio a lo lejos una
cueva de la que salía humo, dentro olía a comida.
Había un zorro que estaba sentado al final del todo
tallando madera, Rosalinda se le acercó y le pidió ayuda. Él se la prestó y le
dio algo de comida.
Al caer la tarde, aparecieron otros seis zorros en
la cueva: los hermanos, que por culpa de uno de los nobles del rey perdieron
todo y se vieron obligados a vivir en el bosque.
Uno por uno, fueron presentándose todos, hasta
llegar al último de ellos, el más pequeño, que se llamaba Carlos y decía ser el
más listo, ya que gracias a él nunca los habían pillado.
Rosalinda les pidió quedarse con ellos y estos, tras
debatirlo, aceptaron con la condición de que Rosalinda debía comportarse como
una hermana más, acompañando a los siete zorros en sus robos. Pero ella les
pidió, por favor, quedarse en la cueva mientras ellos realizaban los asaltos,
pues tenía mucho miedo a las armas. Y así fue.
Con
el paso del tiempo, todos la aceptaron como a una hermana. Todos menos Carlos,
que se estaba enamorado de ella, al igual que le ocurría a Rosalinda. Pero Carlos
pensaba que si se enredaba en una relación con ella perdería la concentración y
en algún momento le pasaría algo.
Un día, habiendo pasado dos años desde la llegada de
Rosalinda, después de una de sus salidas, sólo regresaron tres de los siete
zorros. Habían capturado al resto, entre los que estaba Carlos, que además
estaba herido.
Entonces Rosalinda dijo que ella les ayudaría a
liberarlos. Los cuatro montaron a caballo y se dirigieron hacia la ciudad.
En cuanto les vieron llegar, los soldados del rey
los detuvieron a todos y los llevaron al calabozo.
Al día siguiente, al amanecer, los sacaron a todos y
los colocaron en un patíbulo con las horcas encima. Estaba todo preparado.
Como último deseo, Rosalinda pidió hablar con el
rey, que accedió y se acercó. Entonces, ella le pregunto: ¿Padre, no me reconocéis?
El rey la miró incrédulo y le dijo que no, que su
hija había muerto.
En ese momento, Rosalinda le enseñó la cadena y el
anillo que le había dejado su madre antes de morir. Su padre, el rey cisne, se
dio cuenta de que era su hija, la abrazo, la soltó y ella le contó todo lo que
había ocurrido.
Finalmente,
el rey apresó a la madrastra urraca, perdonó a los siete zorros bandoleros, que
pasaron a formar parte de su guardia real y Rosalinda y Carlos se cansaron,
vivieron felices y comieron perdices.
FIN
Diferencias y Semejanzas
He
elegido cambiar el lugar a la Sierra de Guadarrama para que los alumnos
relacionen el cuento con un espacio natural de la Comunidad de Madrid, es
decir, su entorno próximo.
He
cambiado a las personas por animales porque creo que los niños se sentirán más
motivados, ya que a la mayoría le encantan los animales:
-
La familia real (rey, reina y princesa) son cisnes,
porque, socialmente, se identifica a estos animales con la elegancia, la
belleza y la majestuosidad.
-
La madrastra es una urraca porque quiero que sea
identificada por los niños como un ser feo y con una mente maléfica.
-
El perro salva a la princesa porque, pese a su
aspecto fiero, tiene un noble corazón y es capaz de apiadarse de una pobre
inocente, aunque le cueste desobedecer las órdenes de su amo.
-
Los bandoleros, los he cambiado por zorros porque
son capaces de vivir de su astucia, consiguiendo lo que quieren sin ser vistos.
Perfecto.
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